Ley de Murphy en versión eléctrica: justo la gorda.

Estábamos este verano con la orquesta en pleno bolo. Gente bailando, luces, sudor… y de repente, ¡PAM! Se rompe una cuerda. La sexta. La gorda. La que manda. (Aunque a Keith Richards le sobra para tocar con los Rolling… ni yo soy Keith Richards, y no, no me sobra).

Y ahí estoy yo, con cara de “no pasa nada”, mientras por dentro pienso: “sí pasa”.

Pero claro, el show debe continuar. Así que fui escabuyéndome buscando las cuerdas de repuesto… que siempre las tengo a mano, pero esa noche: ley de Murphy.

Lo bueno es que mis compañeros, que son más tunos que los ratones coloraos, no se despistaron. Driblaron como el mejor Michael Jordan y ahí nadie se enteró. O sí, no sé… pero no llovieron tomates, así que todo bien.

Y ahí, entre sudor, ruido y una cuerda menos, pensé: “Esto es exactamente como aprender música, enseñarla o intentar vivir de ella”. Siempre falta algo: tiempo, dinero, energía… o la cuerda gorda. Pero al final tiras pa’lante, sonríes y sigues tocando.

No vengo a darte la turra con cosas que no te interesen. Si no quieres que te dé la turra, te das de baja y listo. Ni rencores ni dramas.

Si estás leyendo esto es porque: a) Fuiste alumna/o, b) Lo eres ahora, c) O te colaste en la lista por arte de magia. Sea como sea, bienvenido/a al lío.

¿Y por qué te escribo? Pues porque me estoy vendiendo, básicamente. Marketing puro y duro… pero del de barrio, del que te toca al timbre y dice: “¡Asómate un segundo, que no muerdo!”. “¿David Lancho? ¿Ese quién era?”

El mismo que se te planta aquí para que no me confundas con un anuncio de crecepelo milagroso. Y sí, también porque —no te voy a engañar— me hace ilusión aparecer en tu bandeja. Uno es músico, no de piedra… y saber que alguien al otro lado me lee me da ese empujoncito que ni el mejor amplificador.

Cada semana te mandaré un correo con música, anécdotas, ideas y alguna barbaridad. Gratis. Si después quieres clases de guitarra o bajo, estupendo. Si no, también.

¿Y qué te ofrezco? Algo simple: cada semana un correo con música. Gratis.

Si te gusta, te lo quedas. Si no, papelera. Sí, detrás está lo de las clases (guitarra, bajo, mandolina, ukelele…), pero que yo ofrezca no te ata a nada. Yo me muestro, tú me das tu atención y, si quieres, también tu dinero a cambio de mis conocimientos.

Trato justo: dar sin recibir es de santos; recibir sin dar es de jetas.

La enseñanza del día: cuando se te rompe una cuerda, paras medio segundo, respiras… y tocas con las que quedan. O pones cara de “no pasa nada, estaba planeado” y vas a por unas nuevas. Sin prisa y sin pausa, cambias la que se ha roto. Lo importante no es solo estar tranquilo, sino parecerlo.

P.D. Si alguna vez se te rompe una cuerda en pleno bolo… sonríe. El 90% del público no está pendiente de ti, y el otro 10% o son guitarristas, o no les importa.